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La Coctelera

Luis Gerardo Leal

Licenciado en Comunicación Social

10 Junio 2006

Hernan Patiño prepara a los muertos

Su empleo es “al pelo”, dice un hombre que pasa su día manipulando cadáveres. Es Hernán Patiño, quien entre botellones de formol, cuenta su historia. No se mueve mucho, pero suele desplazar su mano libremente por todo objeto cercano a él, como la fría camilla de aluminio manchada de sangre que ocupa el centro de su sala de trabajo.
“La rutina es muy simple. Se nos notifica la muerte de alguien, vamos a buscarlo al hospital ó a donde sea, lo traemos en una urna de trasporte, pasa a mi taller y sale listo para el velorio”.
Si el muerto es un abatido por la policía, ellos lo recogen del sitio, con el permiso de los funcionarios, pero no siempre lo llevan a la funeraria, en casos como éste es necesario trasladarlo a una morgue hasta que terminen las investigaciones correspondientes.
La urna de trasporte es una descuidada pieza de hierro fino donde trasladan a todos los difuntos por igual. También está manchada de sangre y reposa abierta al sol cuando no está en uso.
“Le doy un trato respetuoso a los difuntos, tal como yo quisiera ser tratado si muriera ahora. Los inyecto, los baño, peino, visto y, si es necesario los maquillo”.
Patiño suele pedir un pañuelo a los familiares del fallecido, que le coloca doblado en el bolsillo trasero del pantalón. Aunque nadie lo ve, para el preparador es importante hacer esto siempre.
Hombre serio, de pocas palabras y fuerte carácter. No mira a los ojos, no sonríe, ni se sobresalta. Responde con pausa y pasa un pañuelo por su bigote con mucha frecuencia, respira antes de reiniciar una charla y no interrumpe su cigarrillo, inhala, espera, exhala y luego habla.
“Yo comencé hace ya 18 años, como ayudante de los preparadores de Cecosezul, poco a poco fui aprendiendo mientras veía, hasta que me dejaron solo con un cadáver y yo lo hice bien”.
El Centro de Cooperativas Seccional Zulia (Cecosezul), es una funeraria de tradición en el municipio Lagunillas. Allí se inició Patiño y ha pasado por otras de gran importancia en la ciudad, como Santa Mónica, Virgen del Valle y su actual contratante la Funeraria de Occidente.
“Tengo el horario de un médico, veinticuatro horas diarias, los siete días de la semana. A la hora que haya un muerto tengo que salir a trabajar. Es normal que me llamen los fines de semana de noche o de madrugada, siempre ha sido la hora de más casos”.
La única diferencia que ha habido, según Patiño, en el proceso de preparación de difuntos es en la cantidad de víctimas semanales, el trabajo, los equipos y los químicos siguen siendo los mismos.
“Cuando yo era principiante atendía dos o tres semanales, ahora el mínimo es cinco, y casi todos son por casos de violencia”.
En un proceso que tarda dos horas, Hernán Patiño inyecta una mezcla de formol y cauden para conservar el cadáver. La cantidad de cauden depende del estado del cuerpo, si hay derrame interno la dosis debe ser mayor que la de formol.
“Busco la vena a dos dedos sobre el corazón y allí le inyecto cuatro dedos de solución (1/2 Litro). Así se coagula toda la sangre y se para la circulación. El cuerpo se pone tieso y se puede mantener por tres días”.
La inyección consta de una aguja quirúrgica, anexada a una manguera de flexible que se une con una botella colgada de un alambre, todo acoplado con cinta plástica de forma improvisada pero igual de eficiente. Sobre la mesa se colocan varias tijeras de diferente grosor, una pinza y un bisturí por si es necesario contar para encontrar la vena.
Con su metro ochenta de estatura, sus ojos azules, y su poca cabellera donde prevalecen las canas, Patiño demuestra ser un hombre fuerte y sin sentimentalismos. Ni siquiera cuando refiere sus más dolorosas experiencias laborales.
“Yo tuve que preparar el cuerpo de mi esposa en 2001. Murió de muerte natural, como dicen. Al año siguiente lo hice con el de mi hermana, me dolió pero uno en este trabajo se prepara para algún día tener que preparar a los familiares y amigos”.
En 2002, el hijo mayor que llevaba su mismo nombre, murió en un accidente de tránsito, a Patiño lo llamaron para que atendiera un cuerpo recién llegado, pero nadie le dijo que se trataba de su primogénito.
“Yo fui el primero en vestirlo cuando nació, no hubiese querido ser el último. Ése fue el cliente que más me hizo sufrir”.
Luis Gerardo Leal

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Luis Gerardo Leal

ciudad ojeda, Venezuela
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Soy Luis Gerardo Leal, Licenciado en Comunicación Social, nacido y recidenciado en Ciudad Ojeda, estado Zulia, Venezuela... Además tengo experiencia en materia artístico cultural, especificamente en las áreas de teatro, títeres, cuentacuentos, zancos, organización de eventos culturales, periodismo cultural, entre otros... En la actualidad curso un diplomado en Comunicación Corporativa en la Universidad Alonso de Ojeda.

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